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22-05-2017 | 20:00
  ALIMENTOS
Abel Albino: "Si alimentamos bien a los chicos, en veinte años somos potencia"
 
El pediatra Abel Albino dice tener la receta para “quebrar la desnutrición infantil en la Argentina”. Dirige 86 centros de contención y pide ayuda para construir otros 2.000 en cinco años. Sus anécdotas con Albert Sabin y René Favaloro.
 

 Sabin y Pelé visitaron Tucumán en 1966, con apenas días de diferencia. El descubridor de la vacuna contra la polio fue recibido por un puñado de funcionarios, dos niños en sillas de ruedas y tres estudiantes de Medicina. El astro brasileño fue ovacionado por multitudes, seguido en caravana por la avenida Mate de Luna y aplaudido a rabiar en el partido del Santos contra un combinado local. Despertaba tanta locura que dos chicos se enterraron debajo de la tribuna el día previo, respiraron por una cañita y esperaron el momento para ver al Rey.
Testigo de esa época fue Abel Albino, uno de los tres estudiantes que se inclinó para besar las manos del virólogo polaco Albert Sabin: “Le dijimos que lo queríamos mucho y le agradecimos la cantidad de vidas que había salvado. Donó sus derechos de autor a todos los países del mundo para que la vacuna fuera gratuita, una cosa monumental”.
A Albino le llamó la atención el contraste de las dos audiencias: un jugador de fútbol provocaba más atracción que un benefactor de la Humanidad. Sabin no pateó ninguna pelota en ese viaje, pero Pelé sí sorprendió: visitó un lugar emblemático de la pobreza tucumana, el Hospital del Niño Jesús. Habló con los internados, les preguntó si habían comido bien, y demostró que cada uno puede aportar desde su puesto, en la cancha y en la vida.
Ya era médico Albino cuando se encontró con René Favaloro, el cardiocirujano del barrio El Mondongo, que desarrolló la técnica del by pass y también salvó miles de vidas. “¿Por qué nunca ganó el Nobel?”, quiso saber este pediatra joven, nacido en Morón, graduado en Tucumán, especializado en Chile. “Porque otros me precedieron en el camino. Alexis Carrell, galardonado en 1912, ya hacía by pass. Además, le voy a dar un consejo sobre los premios y los reconocimientos oficiales, porque uno un poco se engrupe: mejor, nunca se agrande”, le respondió Favaloro, con un pie apoyado en la pared.
Casi 2,5 millones de chicos de entre 0 y 17 años están bajo inseguridad alimentaria, según cifras de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Coleccionaba anécdotas Albino, como la que le contaron sobre otra eminencia, Luis Agote, el primer investigador del mundo en realizar transfusiones indirectas de sangre sin que se coagulara en el recipiente que la contenía. Resulta que un día fueron a verlo a un hospital: “¿Está el doctor Agote?”, le preguntaron al hombre que limpiaba el techo con lavandina y esmero. “Espérelo allá al fondo, atiende a partir de las nueve”, se escuchó desde lo alto. Faltaba poco, así que aguardaron. A las nueve en punto se abrió la puerta del consultorio: era Agote, el hombre que minutos antes había limpiado el techo, para espantar gérmenes resistentes y desinfectar al máximo el lugar. A Albino le faltaba cruzarse con la historia de un cuarto referente de la medicina, el chileno Fernando Mönckeberg, 20 años mayor que él, dueño de una receta que perseguía la ilusión de quebrar la mortalidad infantil por desnutrición. Albino lo escuchó apenas una hora y media. Y se convirtió en su discípulo.
Hoy, sentado en una sillita de jardín de infantes, con empanadas de por medio, Albino recibe a Viva en un centro de nutrición de Rincón de Milberg, un lugar de la provincia de Buenos Aires lleno de sauces cimbreantes, que de a ratos dejan ver el sol y, de a ratos, la pobreza. El país que durante los distintos gobiernos no ha logrado calmar a la multitud de más de dos millones de niños acechados por la inseguridad alimentaria “Con lo que sale una superbomba en Estados Unidos, yo puedo solucionar la desnutrición infantil en la Argentina”, asegura este médico de 70 años, cabeza de la Fundación CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil), que ya sacó adelante a 16 mil niños, ayuda en la actualidad a cinco mil más y quiere extender su acción solidaria a todo el país.
El origen de la vocación. Albino nació en Morón en 1946. Su padre, que también se llamaba Abel, era un industrial que en invierno se asomaba en cuero por la ventana y gritaba: “Vengan a mí, neumonías”. Y la mamá renegaba del pequeño Abel, inquieto, hiperquinético: “Sos el tábano que me mandó Dios para mantenerme despierta”.

  
 
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